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Miguel

—Las noches de abril, siempre lluviosas, y los terrenos fértiles dejan de serlo por las inundaciones constantes. Hoy, no tenemos qué comer. Los gajos de chiro en maleza están inalcanzables porque el tallo de la mata se abrillanta y libera esa suerte de brea resbalosa que impide el acceso a la copa. No hay dónde refugiarnos de la inclemencia del agua. Todas las casitas de la ladera de la montaña se fueron, con sus endebles estructuras, arrastradas por la corriente que se desbordó desde la cañada alta. Estamos cubriéndonos con las hojas de las matas altas y las bolsitas con las pocas cosas que pudimos rescatar, pero nuestros pies descalzos se hunden en la tierra fangosa. Estamos esperando que escampe para ver qué quedó y luego podernos reubicar. Esta gente vive en unas condiciones deplorables. Vigésimo novena grabación.

—Miguel es un goleador. Tiene una zurda potente y chuta el balón con el empeine sin miedo. No tiene unos buenos zapatos de fútbol. Los que tiene son viejos y están rotos. Es más lo que le lastiman los pies que lo que le cubren, pero el guagua no arruga. Ese pelao tiene carácter y se impone en la cancha. Yo creo que va a llegar lejos. Alguno de los equipos de Cali o de la Capital se lo van a llevar a probar suerte. Stiven, el arquero, también puede que salga, porque es bien seguro y va duro abajo cuando tiene que ir por un balón de nadie. Ese no le teme al duelo y estrella con quien sea. También hay que tener en cuenta que ataja con unos guantes viejos, de esos de trabajo pesado. No hay plata para dotar al equipo con lo que toca. De los ricos nunca se cae na´ pa´ este lado.

—No tenemos recursos, actualmente. Por eso estamos esperando que el gobierno central declare el estado de emergencia, para poder empezar a construir unos albergues provisionales, mejor dotados, y empezar las obras de remoción de escombros, así como la construcción de casas dignas para las familias que lo perdieron todo en la tragedia. Nosotros somos la administración de los últimos veinte años que más ha invertido en el bienestar de la comunidad y estamos listos para trabajar, arduamente, por y para nuestra gente.

—Le tengo un chino perla. A decir verdad, dos chinos, solo que uno es de talla profesional y está listico para el fútbol base. Al otro le falta un poco, pero también lo tienen en mira los rojos y seríamos muy huevones si nos lo dejamos quitar. El delanterito es un verraco. El chino corre, dribla, remata y saca los codos. No se la deja untar de nadie. Tiene todas las condiciones para ser el próximo Falcao. Yo que le digo. Hace rato que no veía a un chinito de estos tan completo. El otro que le menciono es un arquero. El man es parado. Lo malo es que es bajito, pero tiene muchas condiciones. A los dos me los mostró el viejo Pancho. Usted sabe que el viejo podrá ser borracho, pero tiene ojo. Pueden ser una buena apuesta. Piénselo bien y me llama, pero no se tome mucho tiempo porque la vaina es pa´ ya.

—Papi lindo, tómese la aguapanelita que le da calor. Esta lluvia no tira a parar. Mañana vamos al pueblo a ver si conseguimos algo de comer, pero tómese eso y trate de dormir. Deje de sufrir por los guayos rotos esos que ya casi no servían. Mi Dios aprieta, pero no ahorca.

—Creo que el cielo está llorando sobre nosotros. No es justo que, entre tanta miseria, el alcalde haga una fiesta para recibir al gobernador. No hay qué comer, no hay trabajo y no tenemos dónde vivir. Por mi parte, no sufro tanto, porque sé que esto es temporal. Puliré mi publicación en la comodidad de mi casa en Bogotá, pero dejar esto es desgarrador porque no hay ningún asomo de futuro. Mis textos irán a parar a la hemeroteca y las cosas seguirán de la misma forma. La pobreza está encarnada en estas tierras. Estoy tomando un poco de aguadepanela a la leña que me brindó doña Emperatriz. Está deliciosa y es un elixir para este frío que llega hasta la médula. Trigésima grabación.

—Es para mí un honor recibirlo en nuestro municipio, señor gobernador. Antes de iniciar con el homenaje que le tenemos preparado, quería contarle de los logros que hemos conseguido en esta administración; logros que no hubieran sido posibles sin su acostumbrada colaboración. A todos los presentes, ilustres hijos de estas hermosas tierras, quiero decirles que nuestro partido siempre ha luchado por los derechos de la ciudadanía, porque para nosotros la gente es lo primero. Nunca este municipio vivió tanta prosperidad y se siente una inmensa satisfacción por el deber cumplido. La gente nos lo hace sentir en las calles, porque en las calles es donde se hace la política. Acá, estamos los que somos y somos los que estamos.

—Vecina, ¿tiene algo de comida que le sobre? Llevamos dos días sin comer y lo perdimos todo con la corriente que venía de la montaña. Los niños lloran por algo de comer y no tengo que darles. ¿Me puede ayudar con lo que sea que tenga?

—Doña Empera, en el salón, al lado de la alcaldía, estuvieron en una fiesta con banquete y es posible que les haya quedado algo. ¿Por qué no va a preguntar? Yo no tengo nada que darle porque también estoy jodida.

—No nos quedó nada, porque los invitados llevaron la comida buena que quedó. Además, todo estaba contado y casi no sobró. Lo siento mucho, mi doña, pero por este lado no fue. De todos modos, no se desanime, el alcalde está trabajando duro para solucionar el problema de las veredas. Esté pendiente que en estos días ya sale algo.

—Mierda, va a volver a llover y el alcalde desenguayabando. Esta gente no aguanta una noche más de agua a la intemperie. Que desilusión más grande. La misma gente del pueblo les da la espalda. En este momento son seres invisibles, mientras todos corren a sus casas para guarecerse de la lluvia que se avecina. Pude rescatar mis documentos y el poco dinero que me queda, así que voy a tratar de comprar algunas viandas económicas para que podamos comer algo, mientras nos resguardamos bajo los voladizos del salón de eventos. Veo que los niños se están comenzando a enfermar por el frío. Miguel está callado y muy serio. Solo toce. Trigésimo primera grabación.

—El chino está flaco, pero tiene fuerza y la técnica es buena. Lo podemos parar con papita y arroz, je, je, je. Es un diamante sin pulir. Usted me dijo que iba a ser un Falcao, pero yo lo veo más como un Asprilla. El tranco y la gambeta que tiene son impresionantes. A usted lo veo bien y ya era hora que trajera algo que valiera la pena. Tiene que seguir hablando con Pancho antes de que se nos vaya. Se le pagan moneditas y el viejo nos trae oro. Por cierto, el profesor me dijo que el arquero también tiene con qué, pero, sí, es cierto que le falta un poco más.

—Como alcalde, he tenido el privilegio de crecer con el municipio. De la mano de los ilustres del pueblo, hemos llevado trabajo y dignidad a los que los han necesitado. Si ustedes me brindan su apoyo de nuevo, vamos a traer otro nivel de prosperidad. Nuestro partido siempre ha trabajado, incansablemente, por este departamento y lo seguirá haciendo, porque lo nuestro no es la palabrería de políticos corruptos que nos creen bobos sino que son los hechos los que nos tienen donde estamos. Denme su confianza, denme su voto, porque ustedes saben que yo cumplo.

—Inicio con mi depuración de contenido y corrección de estilo. Espero que la crónica de las vivencias en la selva pueda crear conciencia acerca de las necesidades de la Colombia rural, quienes, sin presencia de Estado, se abren paso como la maleza, subsistiendo con lo mínimo, haciendo malabares con la miseria. Mis días en esas montañas fueron desintoxicantes, pero creo que no me alcanzará la vida para poder decir que se cumplió el objetivo, porque la indiferencia se enquista en los corazones de las personas que no lo viven y lo peor es que se transmite por herencia. Puedo decir que viví, durante mi estadía en esas montañas, porque antes no lo había hecho. Trigésimo segunda y última grabación.

—Le damos la bienvenida a nuestro hijo más ilustre, símbolo de nuestro país y embajador del deporte. Nos hincha el pecho de orgullo poder decir que hemos trabajado muy duro para poder generar las oportunidades que permitieron el surgimiento de una figura del fútbol mundial. Cada uno de los goles que has marcado en los distintos estadios de Europa es un estallido de emoción y nos proporciona la satisfacción del deber cumplido. Reitero la bienvenida y quiero dar la palabra al gran Miguel Ambuila, goleador del poderoso AC Milán y de la Selección Colombia, no sin antes pedir un estruendoso aplauso. Miguel, adelante.

—No soy bueno con las palabras. Solo espero que el nuevo Centro de recreación y deporte Pancho Urdaneta sirva para que otros niños puedan vivir de lo que más les gusta, en dignidad. En la dignidad que no tuvimos hasta hoy. Gracias, profe Pancho, gracias por lo poco, que fue todo.